
Aquel día, cuando todavía estaba tragando el último sorbo de cafe, vino su compañero y le cruzó la cara de un guantazo. Más que el dolor que le causó la torta, lo que le sorprendió fue lo inesperado del asunto. No preguntó. Se quedó con la bofetada y se compuso como pudo, tragó saliva y con la frente alta salió de la cocina. Hacía tiempo que notaba algo raro en el ambiente, algo no iba bien alli, pero nunca imaginó que aquella mañana le darían la hostía más grande que había probado hacía tiempo. Se calló.
En ese momento supo que la por la perdida personal y emotiva de aquel compañero no merecía la pena sofocarse.
Pues eso, que me avisen cuando la vida se ponga linda o amenace con hacerlo...
6 comentarios:
nena... estás bien???
Vaya! qué violento. ¿Pero que había hecho la pobre criatura?
Estoy bien, estoy bien... pequeñas cosillas que contaré un día de estos, pero bien. Muchas gracias por preocuparos.
Un beso grande.
oye, pues estoy por darle la espalda a la realidad yo tambien... jejeje
Bueno, pues a eso se llama se paciente y lo demás bobadas... aguantó el chaparrón y no utilizó la venganza. Intenso relato Candy!
un abrazo!
Joder joder... me has dejado mu rara. Una leche de tal calibre puede descolocarte en el acto, pero seguramente poco después muchas cosas empiecen a encajar. Anda paí, la gente que no merece la pena ¡fuera! Espero que estés bien guapa, tengo ganas de verano y hacer cosas con gente que merece la pena como tú. Un besitoo
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