El despertador sonó a las 4:00 de la madrugada pero ese día no me costó levantarme. En una hora teníamos que estar en Barajas para empezar, oficialmente, a disfrutar de nuestras vacaciones.
Había mariposas en mi estomago: por delante tenía mi primer viaje en avión (el primero que yo recuerde, el anterior era demasiado chiquitita), una semana en Tenerife y dos semanas más de descanso... 554 horas con Javi ¿no está mal, no?
Para ser tan temprano en la T2 se respiraba vida por todas partes. Cientos de personas iban y venían buscando sus ventanillas, otros pocos dormían como podían en unas posturas rarísimas. Yo estaba feliz, ni el cansancio ni el hambre (no habíamos desayunado nada) nos impidieron reirnos... como dice mi sabia madre "quién por gusto muere, hasta la muerte le sabe bien"... Subimos al avión y una linda señorita nos indicó donde estaban nuestros asientos y poco después ¡aaaaarriba!. Mis pobres maripositas volaron de arriba abajo y de un lado a otro... fue una sensación ¿agradable?
Javi, como es natural en él, aguantó poco tiempo quieto. La falta de nicotina sumada a su inquietud innata se empezó a notar a los sesenta y tantos minutos de vuelo e hizo que no se callara ni un segundo. La verdad es que me reí tanto con su "desesperación" que el tiempo se me pasó volando ("muy bien traido" que me diría en su día D. Serafín).
Llegamos a la isla, recogimos nuestras maletas y nos montamos en el autobús que nos llevó al hotel. El sitio no era una gran cosa, pero estaba tan limpio que hacía que nos gustara más de lo que se merecía. Estaba a un pie de la playa y se notaba por las noches, cuando la brisa y el olor a mar se colaba por la ventana.
A partir de ahí empezó realmente el viaje.
Fue una visita turística. Creíamos que merecía la pena hacer cosas distintas a las que se pueden hacer en la península, por lo que dejamos aparcados el sol y la sombrilla para dedicarnos casi por completo a explorarlo todo... y acertamos, os lo aseguro.
Visitamos el "Loroparque", el Teide, los Gigantes, un parque acuático, dimos una vuelta en camello, el monte de las Mercedes, hicimos submarinismo (gracias Carolina por la sugerencia)... no sé que nos gustó más si el verde del norte o la sequía del sur, lo impresionante del Teide o el meneo de los dromedarios, la magnificencia de los acantilados o la sensación de bucear con botella, los animales exóticos, el clima, la arena negra de la isla o el agua revuelta casi todos los días, el regateo con los tenderos hindúes, la electrónica a precio de risa, el ronmiel y la comida canaria, las carreteras estrechas o conducir por encima de las nubes, el teleférico, la Orotava o ¡los plátanos!...
No sabía, no tenía ni idea de que iba a gustarme tanto. Era un poco excéptica... algo que todo el mundo pone tan bien seguro que me decepcionaría algo. Es como esas películas que tus amigos y conocidos te recomiendan y después, cuando vas al cine, no satisface tus expectativas.Me gustó mucho Tenerife, pero estoy segura que la compañía ha hecho mucho, siempre lo hace.
El domingo nos levantamos temprano y con mucha pereza y pocas ganas hicimos las maletas. Empujamos la ropa y los bultos que habíamos comprado y repartimos el peso entre los dos. Desde el cielo nos despedimos de todo aquello... a las 19:00 estabamos en Madrid y 37º, Moi y Gema vinieron a recogernos.
Se había acabado nuestra aventura pero todavía nos quedaban 14 días para estar juntos...
Aún no han pasado veinte días y pienso en el próximo destino.
Un besito a todos y hasta dentro de unos días...